Me siento feliz.
Quiero escribirte.
Yo sé que huele a peligro, que tus ojos no son míos porque no quiero y que tus labios se reprimen con todo y dientes. Que tus manos exploradoras sólo siguen la orilla del río y que nuestras mejillas coinciden más a menudo.
Pero no eres tú.
Son tus letras, ajenas mayormente y del alma alguna vez, más a menudo también.
Es tu encanto. Tu sinceridad. Tu paciencia. Tu sentimiento. Tu frases del alma. Tu presencia. Tu sonrisa. Tu alegría. Tu ternura. Tu rancherismo. Tu reciedad. Tú.
Quiero escribirte.
Pero yo, que soy libre al fin, libre quiero ser siempre, y ser quien quiera ser en el tiempo. Quiero al mundo para mí, y quiero tenerte en ese mundo, sin que termine, junto a mis cabras y junto a la niña que traigo dentro, la que platica contigo.
Me siento feliz, espero que no sea por tí; porque no quisiera depender de eso, no quisiera colgar del hilo de tu corazón. Me dices corazón y me siento especial, después gastas esa palabra con el resto del mundo.
No eres tú.
Es tu presencia. Tu existencia en sí. Tu tiempo, del caro. Tus ganas de verme, examinarme y analizarme. Tu incredulidad de mi existencia remota. Tu represión a mi piel. Tu no sé qué...
Me siento confundia entonces.
Cuando pienso en lo que sería si... y en lo que sería si no...
Sólo está ahí siempre.
Pero no me esperes.
Quiero escribirte.
Yo sé que huele a peligro, que tus ojos no son míos porque no quiero y que tus labios se reprimen con todo y dientes. Que tus manos exploradoras sólo siguen la orilla del río y que nuestras mejillas coinciden más a menudo.
Pero no eres tú.
Son tus letras, ajenas mayormente y del alma alguna vez, más a menudo también.
Es tu encanto. Tu sinceridad. Tu paciencia. Tu sentimiento. Tu frases del alma. Tu presencia. Tu sonrisa. Tu alegría. Tu ternura. Tu rancherismo. Tu reciedad. Tú.
Quiero escribirte.
Pero yo, que soy libre al fin, libre quiero ser siempre, y ser quien quiera ser en el tiempo. Quiero al mundo para mí, y quiero tenerte en ese mundo, sin que termine, junto a mis cabras y junto a la niña que traigo dentro, la que platica contigo.
Me siento feliz, espero que no sea por tí; porque no quisiera depender de eso, no quisiera colgar del hilo de tu corazón. Me dices corazón y me siento especial, después gastas esa palabra con el resto del mundo.
No eres tú.
Es tu presencia. Tu existencia en sí. Tu tiempo, del caro. Tus ganas de verme, examinarme y analizarme. Tu incredulidad de mi existencia remota. Tu represión a mi piel. Tu no sé qué...
Me siento confundia entonces.
Cuando pienso en lo que sería si... y en lo que sería si no...
Sólo está ahí siempre.
Pero no me esperes.

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