martes, 30 de marzo de 2010

Invisible

Llegué a pedir unos nachos a la michoacana, atendían dos muchachos y una muchacha, ella platicaba con uno de ellos, el otro me atendió.
Me hallaba plácidamente despeinada y sucumbiendo ante los antojos de mis lombricitas, cuando ella me dijo:
- ya muchacha!, devuélvele los ojos!
Se refería al muchacho con el que platicaba. Voltié por impulso, pues nadie más compraba, pero me guardé la sonrisa, me dieron mi golosina con una sonrisa, pero yo no la devolví, sólo le dije gracias, seria, cual negocio había culminado.
Caminé para seguir la calafia que se acababa de ir porque el muchacho se puso a temblar para darme unas servilletas, caminé sin prisa y mientras me colocaba los audífonos reí de lo insólito de aquel hecho, si yo ni peinada iba, de nariz roja y sin ganas de pensar. Pero es lindo saber que aun en esos casos, no soy tan invisible como quisiera. [¿quisiera?]

1 comentario:

Paulina Otero dijo...

Ay, pero si tu no eres invible amiga, la que es linda es linda, ¿no? :D